Formentera, paraíso hippie-chic
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Aquí no hay hoteles de cinco estrellas, no hay discotecas que marcan la pauta tecno a nivel internacional, no hay showoff de cuerpos divinos (o trabajados divinamente) en playas y chiringuitos. Por ello Formentera ha tenido tiempo de crecer manteniendo a salvo de miradas y pisadas su magnífica belleza mediterránea. La menor de las islas pitiusas va de misteriosa por la vida. Si quieres conocerla tendrás que plegarte a sus códigos. No podrás apabullarla con un Lamborghini porque aquí lo que mola es ir en bicicleta o en scooter. No estará bien visto que te acerques a una cala haciendo rugir los cuatro motores de un fuera borda porque la gente in se pasea lentamente en velero o en yate silencioso.
Por no gustarle, a Formentera no le gusta que la gente ande armando barullo en los chringuitos, aunque ya está algo resignada a las riadas de motos con paisanaje italiano que pueblan sus carreteras en julio y agosto. A fuerza de ocultarse, ha despertado la curiosidad de medio mundo y ahora, espléndida, decide dar la cara y mostrar su encantadora oferta, siempre pensando en ese tipo de invitados que todos querríamos tener: discretos, amables y elegantes. Si además tienen un punto hippie o al menos mente abierta y cosmopolita, mucho mejor.
Para entender Formentera, antes hay que saber que no tiene aeropuerto, así que la única conexión posible es desde Ibiza, en ferry, cuyo trayecto suele durar entre media hora el rápido y una hora el lento, que es el que admite coche en la bodega. ¿Limitación o suerte? Habrá algunos que digan lo primero. Yo, personalmente, lo considero una ventaja. Para la isla y para mí, que odio los agobios estivales. Una vez en la Savina (el puerto de llegada de los ferries) y su pequeño y manejable puerto deportivo, la cosa se pone fácil: alrededor hay decenas de empresas de alquiler de coches, motos y bicicletas, aunque para el verano es preferible hacer la reserva de lo que se quiera con un poco de antelación.
En coche se pueden recorrer los casi 25 kilómetros de largo en un pis pas; en moto igual. En bici el viajecito es sólo para buenos deportistas o espíritus irreductibles: en Formentera, que vista desde Ibiza parece tan plana, hay subidas impresionantes, por ejemplo la que lleva hasta el bellísimo Faro de la Mola y sus acantilados salvajes a 192 metros de altura, o al otro faro de la isla, el Cap de Barbería, otra maravilla en estado silvestre. Por cierto, Julio Verne se inspiró en el faro de la Mola para su novela Héctor Servadac. Se enamoró de Formentera y su faro en 1877, cuando recorría el Mediterráneo en su velero de dos palos. Desde el mar, el que pueda que no deje de hacerlo, los acantilados de la Mola son un espectáculo que te devuelve la confianza en la naturaleza (y sus posibilidades de supervivencia) a pesar de todo.
Pero volvamos al mundanal verano, sus barcos de vela, llaudes, yates y zodiacs. Y a los chiringuitos de playa donde atraca toda esta flota ocasional dispuesta a bañarse en aguas de mucha transparencia y a comer pescados de la zona (ojo con los famosos 'rahones', son carísimos y los buenos son los que se pescan en las arenas de Formentera en verano). Formentera es muy cosmopolita, muy chic, pero no se anda con mucha etiqueta. La gente por aquí ejercita un estupendo let it be y no fuerza la máquina hasta la extenuación, de ahí que en esta isla el plan consiste en bañarse en las diferentes playas y calas, hacer submarinismo (estupenda la Escuela de Buceo Vellmarí, donde puedes sacarte en menos de una semana el PADI mientras investigas seguramente los fondos más bonitos del Mediterráneo español), comer en un chiringuito (o en tu casa), dar la vuelta a la isla en barco o zodiac parando en calitas desiertas, dormir la siesta, despertarte y decidir que la vida es estupenda ante una copa de vino tinto Cap de Barbaría (aquí hay buenos viñedos desde el siglo XIII, y el Cap de Barbaría es actual, exquisito y hace un par de años fue elegido uno de los mejores vinos europeos) o bajar al puerto y ver la caída del sol. La noche ofrece sus tentaciones, pero que nadie vaya buscando la marcha del Space o del Pachá. Hay que 'conformarse' con onda chill out, terracitas con buenas copas y cenas en la playa.
En el número de julio de la revista Condé Nast Traveler podrás encontrar las direcciones de interés y las mejores playas de la isla.